viernes, 24 de junio de 2022

EL MAESTRO PRIETO FIGUEROA CUIDÓ GALLOS DE PELEA

 

En el artículo Colear Gallos del maestro Prieto Figueroa, publicado en
el diario El Nacional del 29 de abril de 1986, escrito en homenaje al padre
Pedro Pablo Barnola, humanista, escritor, miembro de la Academia de la
Lengua, el autor revela que su padre, Loreto Prieto Higuerey, de reconocida
obra en la Asunción, capital del estado Nueva Esparta, se había
desempeñado como juez en las peleas de gallos en Margarita, señalando
además que él, en su adolescencia cuidaba, tusaba y careaba gallos de pelea
que su progenitor poseía y, dado sus contactos con los asistentes a las
galleras y con apostadores, llegó a conocer una serie de términos empleados
en las galleras e indicaba que las apuestas se hacían en pesos de ocho reales,
equivalentes a cuatro bolívares. En su artículo, el maestro Luis Beltrán Prieto
Figueroa explica el significado de colear gallos, indicando que ellos son las
personas que asisten al gallo en su pelea, son los cuidadores. También
figuran como los encargados de llevar los ejemplares para iniciar la riña,
colocándolos en las tablillas.
Recuerda el destacado político, educador, parlamentario y escritor
Prieto Figueroa, que el coleador toma su gallo con la mano izquierda en
pechuga y la mano derecha en la punta de la cola. Las heridas, dice el
maestro Prieto, se conocen como tiro de morcillera, revelando que se dice
así porque al recibir la herida en el pescuezo toma la forma de morcilla.
Acerca de esta herida, Omar Alberto Pérez, en su estudio La Pelea de Gallos
en Venezuela, define no solo morcillera, sino también morcillera de cabeza,
morcillera de obispo y morcillera de viento. El transporte de los gallos se
hacen en bolsas, ello para que no se estropeen y deben ser sacados de ellas,
recuerda el autor del artículo, solicitud que hace el juez, para pesarlos. Los
colores de los gallos, escribe el maestro Prieto Figueroa, son muy variados,
encontrándose entre ellos giro, de color dorado brillante; zambo, tono
marrón de las plumas, localizándose allí zambo malatobo, zambo gallino y
guacharaco, con plumaje parecido al de esa ave. También existen gallos
pintos, marañones, jobados, negros blancos.
Para cerrar les recomendamos, que en esto de las riñas de gallos y
también para conocer todo lo relacionado con ellas, el libro de Omar Alberto
Pérez, arriba señalado, donde además se encuentran poemas de conocidos
autores venezolanos, entre ellos El Gallo Fanfarrón, del recordado humorista
Francisco “Job Pim” Pimentel, el cual dice al comienzo:
“Un gallo grande en un corral había
que, aunque de origen semipataruco,
la daba de maluco
y de los otros gallos se reía.
Pues, señor, un buen día
le quitó su gallina a otro pequeño,
(era, supongo yo, portorriqueño
y el gallito furioso por aquello,
le clavó las espuelas en el cuello,
y si no es que intervienen los demás,
no hubiera fanfarrón cantando más”.
Recordamos con agrado una anécdota del maestro Prieto allá en su
terruño natal, La Asunción, estado Nueva Esparta. Cuando le preguntaban el
por qué el nombre de su casa era Ancha y Ajena, solía responder: ! Ancha…
porque llega un gentío y todos caben y Ajena… porque la estoy pagando
todavía!

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