En las orientadoras páginas Memorias del general O´Leary, escritas por el general de brigada irlandés Daniel Florencio O´Leary, encontraremos el dato donde el autor revela que Simón Bolívar empleaba ambas manos para afeitarse. O´Leary es conocido en la historia venezolana como un destacado escritor y diplomático, incorporado a la causa de la independencia al lado de otros voluntarios británicos, alcanzando grandes responsabilidades al lado de Simón Bolívar, quien, encontrándose en Angostura, lo nombra miembro de su Guardia de Honor. El general O´Leary, como tradicionalmente se le conoce, sirvió también al lado del general José Antonio Anzoátegui, del teniente coronel Antonio Ascanio, participó en la batalla conocida como del Trapiche de Gamarra y fue uno de los héroes que integra la gran legión de patriotas en lo que se conoce como el Paso de los Andes. Después de esta gesta, el año de 1820, O´Leary es nombrado edecán de Simón Bolívar, figura en la comisión de negociación de armisticio entre Simón Bolívar y Pablo Morillo, así como figura clave en conversaciones con Morillo antes de la histórica entrevista de Santa Ana, estado Trujillo. Se le verá también al lado de Sucre, de quien llegó a ser secretario, participó con él en las acciones libertadoras de Ecuador y también estará presente en Pichincha. Importante fueron los servicios prestados por el general O´Leary a Venezuela, no solo en el campo militar, sino también en lo diplomático, participó en la misión diplomática ante las cortes de Londres, París y Madrid, logrando el reconocimiento de Venezuela como república independiente, entre otras altas responsabilidades en el campo de las relaciones internacionales. Para obtener mayores datos recomendamos los estudios realizados por la historiadora Ana Cristina Pérez Moreno sobre el célebre irlandés Daniel Florencio O´Leary, así como su documentado ensayo aparecido en el Diccionario de Historia de la Fundación Polar, trabajo que nos sirvió de apoyo para la redacción de esta nota. En sus célebres Memorias, Daniel Florencio O´Lery, por ser testigo presencial, deja establecido que Simón Bolívar era ambidextro, lo que le permitía servirse con gran agilidad tanto de la mano izquierda como de la derecha. Siendo O´Leary su edecán, encontró, en más de una ocasión al Libertador pasándose la navaja por el rostro y jugando billar, tanto con la diestra como con la siniestra. Por cierto, el Diccionario de la Real Academia Española, señala que podemos utilizar ambos términos, ambidextro y ambidiestro, como en una ocasión la empleó uno de nuestros presidentes, siendo muy criticado, pero lo que no recuerdo es si en ese entonces el término ambidiestro ya había sido aprobado por el DRAE. Este dato, suministrado por el O´Leary, nos trae a la memoria, de acuerdo a lo divulgado por destacados historiadores, que Simón Bolívar convivía con los llaneros, recitaba sus coplas y entonaba joropos, comía su carne, muchas veces sin sal. En lo que a música se refiere, existen informaciones donde se revela que Simón Bolívar tarareaba en voz baja, piezas calaboceñas y apureñas y tenía una capacidad de bailar cinco horas seguidas, manteniendo predilección por el vals, no sentía atracción ni por el tabaco ni por las bebidas alcohólicas. En cambio consumía muchas frutas, sentía predilección por las arepas y las legumbres, no así por los dulces y las carnes y confeccionaba de manera insuperable sus ensaladas de frutas, que de acuerdo a lo reseñado por O´Leary, las hacía mejor que nadie. Para dormir el Libertador lo hacía en hamaca, en catre o envuelto en su capa en el suelo, o a campo raso y también en las buenas camas de las mansiones donde se alojó. Con respecto a la hamaca, según descripción del novelista e intelectual Arturo Uslar Pietri, la usó durante largos años en aquellas campañas inagotables…Esa hamaca la colgó, dice el autor citado, en casas rústicas de pueblos, entre dos árboles a la intemperie para acampar por las noches e indicando también que, durante los tiempos más difíciles y agitados de su lucha, Bolívar no tuvo otro lecho. En su ensayo Uslar Pietri, nos lleva, como buen baquiano en estos asuntos, a decirnos que la hamaca era su cama y su sitio de trabajo. En los dominios de la hamaca - la cual acompañó al Libertador, así como acompaña a los arrieros, veteranos en la orientación de bestias de carga y puntas de ganado y de domadores de caminos - el escritor colombiano Gabriel “El Gabo” García Márquez, Premio Nobel de Literatura, en la portada de su novela El General en su Laberinto, colocó una señorial hamaca.
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