jueves, 30 de junio de 2022

AREPITA

 Esta breve nota nada tiene que ver con las arepitas dulces con anís, como las que nos vendía Isabelita Acuña a los patinadores, en los días navideños en Guatire, y menos, con aquella bella canción de cuna que comenzaba: “Arepita de manteca, para mamá que da la teta. Arepita de cebada para papá que no da nada”, sino con un personaje popular que recorría las calles de Caracas. En sus reminiscencias el sabio cronista Don José García de la Concha, dice que era una pobre mujer que nadie sabía de dónde había venido ni cómo se llamaba. No era muy vieja, recuerda García de la Concha, pero había perdido los dientes y por lo tanto tenía la boca hundida, la cara tomaba un aspecto muy singular, que le cuadraba perfectamente con aquel sobrenombre, Arepita. Siguiendo con el retrato de Arepita, trazado por nuestro respetado escritor antes citado, ella era delgada, callada y con manía de grandeza y por ese garbo que le imprimía a su miserable existencia, así lo expresa García de la Concha, las muchachas de aquella Caracas se divertían más y mejor con la pobre loca. En su perfil sobre Arepita, nuestro orientador, recuerda que las muchachas le arreglaban sombreros de plumas y flores, le regalaban viejos vestidos de bailes, zapatos dorados y muchas otras prendas ya inservibles. Todas se las echaba encima y con ellas se paseaba por las calles de Caracas en plan de gran señora. Una de las escenas montada por Arepita, cuenta García de la Concha, fue en la casa de la familia Santana, situada en las esquinas de Caja de Agua a Salas, cuando el servicio de adentro escuchó que tocaban la puerta, justo a la hora de servir el té, y al abrirla se encontró con el espantapájaros de Arepita y creyendo que era una visita fue enseguida a avisarle a la señora, recibiendo la orden de abrir la sala y pasarla. Pero, cual no sería la sorpresa de Doña Beatriz, que así se llamaba la conductora de aquel hogar, lo plasma García de la Concha, cuando se encuentra en la sala nada mas ni nada menos que con la famosa Arepita sentada en uno de los cómodos sillones. Un verdadero chasco. Don José García de la Concha en sus Reminiscencias, también traza pincelada sobre las figuras de otros personajes populares como Cachorro, Nuestra Señora de las Batatas y Malabar. Cachorro tenía la manía de caminar toda Caracas muy de prisa y hablando solo. Era un ser pacífico. No se metía con nadie. Solo se enfurecía cuando los muchachos le gritaban “Cachorro, ladrón de gallinas”. Por su parte, Nuestra Señora de las Batatas, identificada así porque sobre su cabeza llevaba siempre un saco de batatas sancochadas o salcochadas como único alimento, su nombre de pila era Ana Francisca y vivía todo el tiempo rezando. Cuenta Don José García de la Concha que el personaje en cuestión era alta, fuerte, negra y se vestía con una especie de hábito negro. Ana Francisca o Nuestra Señora de las Batatas, hacía grandes penitencias, entre ellas, como se lee en la obra Reminiscencias, una donde fue encontrada de rodilla limpiando el piso de la iglesia Santa Capilla con la lengua y los brazos en cruz, mientras que el personaje caraqueño conocido como Malabar, era de piel negra, tinto, e irónicamente lo llamaban malabar, vendía periódicos, dulces y billetes de lotería, los números cantados por su potente voz se oían a larga distancia.

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