Al buscar en las páginas del Diccionario de Venezolanismos el significado de picaflor, sinónimo de cucarachón, que se le montó en Caracas a los hombres enamoradizos, mujeriegos, falderos, los conocidos como don Juanes, nos encontramos que nada tiene que ver no con las bellas aves y/o insectos que van de flor en flor ni con las asquerosas y rastreras cucarachas. El gran humorista, periodista, cuentista, publicista, caricaturista Leoncio “Leo” Martínez, citado en el Diccionario antes señalado, escribe, refiriéndose al cucarachón: “Es una de las más importantes figuras de la sociedad caraqueña, aunque sospechamos que tenga sus representativos en el interior de la república. El cucarachón es un individuo bien trajeado, buen bailarín, bregador de niñas, poco o nada pagador, “gradillero” profesional, buena copa y a veces deportista". En bien condimentadas páginas, ya amarillentas, redactadas por conocedores de la vida caraqueña, como Aquiles Nazoa, Carlos Eduardo “Caremis” Misle, Guillermo José Schael, Enrique Bernardo Núñez, Graciela Schael Martínez, Carmen Clemente Travieso, se nos dice que el cucarachón se vestía mediante el fiado y, por lo tanto siempre tenía al turco y al sastre atrás, tratando de cobrarle. A este personaje, gradillero de primera, se le conocía así porque siempre se le veía, exhibiendo sus trajes, en la esquina de Las Gradillas, así como cerca de los postes y ventanas donde estaban residenciadas bellas jovencitas. Con la ayuda de la historiadora, escritora, periodista, cronista, ensayista Graciela Schael Martínez, les llevaremos una pintura que tan distinguida intelectual traza del cucarachón, enamoradizo y picaflor caraqueño. En su sabrosa nota nos informa que el personaje en cuestión se movía por los años de 1925 en la ciudad capital y se podía ubicar en dos clases: El cucarachón social y el cucarachón de menos postín. Veamos qué nos dice nuestra amiga Graciela Schael Martínez - asidua visitante de la Biblioteca Nacional en la permanente búsqueda de información, lugar donde la atendí y sostuve con ella amenas conversaciones sobre aspectos históricos de la ciudad de Caracas - sobre el ya nombrado cucarachón o picaflor. El llamado cucarachón social se caracterizaba por estar siempre bien vestido, con trajes de última moda, flamante sombrero y zapatos de charol de dos tonos. Poseía ciertos recursos, por ser empleado de algún organismo público o privado, con los cuales podía pagar las cuotas del sastre, la lavandería del chino y el club de zapatos. Nuestra informante, al pasearse por actividades del cucarachón social, revela además, que el mismo era de atildada apariencia y elegancia, ingeniándoselas para figurar socialmente, por lo que siempre se le veía en los cines, circos, teatros, paseos, matrimonios, bailes de gala, bautizos, cumpleaños, conciertos, retretas dominicales, arrocitos, piñatas y en los velorios . Por sus compromisos, el cucarachón social siempre andaba más limpio que talón de lavandera y, cuando daba alguna contribución, entonces le sacaba el máximo provecho, ello por las habilidades que poseía. Siguiendo con los datos suministrados por nuestra guía, en este caso Graciela Schael Martínez, al trazarnos la estampa del cucarachón de menos postín, nos dice que éste tenía una actividad poco extendida, moviéndose en los linderos de su barriada o parroquia, poseedor de una percha menos elegante que la del cucarachón social y se le identificaba como de arrocitos familiares, es decir, eventos bailables amenizados con pianolas, fonógrafos y, con el correr del tiempo, con la Orquesta Picot y su respectivo cantante Agujita - de donde se desprende aquello de picoteo. Este simpático personaje, quien estaba bien informado de los eventos a escenificarse en el sector donde vivía, se metía en ellos sin ser invitado, se coleaba pues. La indumentaria la conseguía, enchivándose con la de sus amigos, a quienes les pedía prestados zapatos, camisas, pantalones, sombreros, corbatas, chalecos. Al poseer todos esta vestimenta, se hacía presente en todo tipo de recepciones como los cumpleaños, de donde no lo sacaba nadie. Gozaba, diríamos nosotros, un mundo. Era el primero en llegar y el último en retirarse. A
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